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Series

The Wire (HBO, 2002)

Escrito por enseriesanteriores 20-09-2016 en Series norteamericanas. Comentarios (0)


Queridos escritores norteamericanos, tengo una mala noticia: la Gran Novela Americana ya está hecha. Admitidlo, por mucho que os esforcéis con vuestra pluma, no podéis superar la simbiosis de un ex periodista de la sección de sucesos y un antiguo detective de homicidios metidos a guionistas por la gracia de los dioses. Bendito sea su "a la mierda el espectador medio", porque nos hizo mejores espectadores de lo que soñamos ser algún día.

Las virtudes de The Wire no son sólo el realismo y el detalle de tramas, personajes, suburbios, su genial e innovadora idea de enfocar la sociedad de Baltimore con poliédrica mirada de mosca y dedicar cada una de sus temporadas a un tema distinto y complementario (drogas, corrupción, política, cultura, prensa), hasta componer un tapiz cuya complejidad es casi imposible para cualquier otro arte o medio de análisis: el milagro es que The Wire se eleva por encima de su aspiración a ser fotografía y compone un auténtico olimpo de personajes mitológicos, sin perder un ápice de su vocación testimonial. Basta decir Omar, para que los fanes más fanes de la serie, sin importar nuestra edad o condición sexual, suspiremos con una mezcla de deseo, envidia y admiración. No es queramos ser Omar; nos conformaríamos con que existiera.

Por experiencia propia lo digo: no es fácil acceder a esta secta. La primera vez que comencé a verla no supe estar a la altura. A la segunda la conversión fue absoluta. The Wire es la vida misma, vista por un dios compasivo que no puede intervenir pero de todo se apiada, contada por David Simon, su profeta en la tierra. Amén.

Narcos (Netflix, 2015)

Escrito por enseriesanteriores 20-09-2016 en Series norteamericanas. Comentarios (0)


Narcos es estretenida, bastante entretenida. Claro que si haces una serie sobre Pablo Escobar y no te sale al menos entretenida, es que es para matarte.

Dicho esto, no se puede ignorar que Narcos cojea por varias patas. Lo más comentado es el tema de los acentos. Yo sudo en el sillón viendo los esfuerzos que Wagner Moura, brasileño, hace por darle a Escobar su original acento colombiano. Cabe aquí felicitar a Alberto Ammann porque su Pacho no canta demasiado. Segundo problema: la irregularidad de las actuaciones. Hay planos en los que una sospecha que han cogido al primero que pasaba por allí y le han puesto a actuar, sino fuera porque, probablemente, alguien que pasara por allí lo haría mejor que algún actor de los que aparece. A esto se junta alguna caracterización de brocha gorda, como la de la madre de Pablo, a la que no puedo ver sin pensar en el Tootsie de Dustin Hoffman. Tercer problema, y para mí el más grave: a la serie, a los pesonajes les falta alma. Se podrá contestar a esto que en una serie de narcotraficantes precisamente la falta de alma es un valor realista. Pero no. No hay más que pensar en Gomorra, a la que yo asisto con la sensación de que vivo las tramas por dentro y por fuera, interesada igualmente por el destino del protagonista Ciro di Marzio que por el de la muchacha esposa de mafioso encarcelado, liada con su chófer bajo la vigilancia de la bruja de la suegra. Por mucho que las vidas y obras y entornos de los personajes nos pillen lejos, la sensación de falsedad, de puesta en escena no puede ser tan fuerte como lo es en Narcos. Por un lado, el personaje de Pablo Escobar se lo come todo (!pero qué suculentos secundarios debía de haber a su alrededor!); por otro, todo resulta plano, como en un teatrillo.

Una no sabe si concluir, después de ver documentales como Pecados de mi padre y Los dos Escobar, entre otros, que la historia del Patrón puede que sea demasiado grande para caber en una ficción. O en todo caso quizá sólo sea demasiado grande para los creadores de Narcos, que han preferido sacrificar la verosimilitud al espectáculo. 

En todo caso, quizá olvidemos Narcos, pero sus tacos se quedarán con nosotros. ¿O no, malparidos, ijueputas, gonorreas?